Reforma y Modernización del Estado: ¿Necesidad moral o moda académica y política para lograr el Desarrollo?

Mg. César Samillán Incio

Docente e investigador de la Escuela Internacional de Posgrado. EIP/ Lima-Perú

 

Es común observar una gran preocupación en políticos, empresarios, académicos y grupos sociales en general por la incertidumbre y asimetrías sociales que nos marca la crisis del sistema económico que convivimos.

 

En esta narrativa y reflexión se pretende hacer notar la obligación moral de buscar alternativas políticas y económicas para enfrentar la zozobra y construir estructuras sociales que den cabida a un funcionamiento del sistema más inclusivo y acorde con la dignidad humana. Nos centraremos en los avatares de un actor fundamental de la vida cotidiana de la sociedad: el Estado.

Desde la aparición del Estado, este ha experimentado cambios en el marco de alta conflictividad en la vida inmediata y mediata de la sociedad (1). La formación de sus estructuras institucionales y funcionamiento ha sido motivo de profundos debates, al ser considerado como un ente interventor y de ejercicio de poder de dominación de la vida social que perturba la esencialidad del ser humano: la Libertad. En suma, un mal necesario de temporalidad larga, pero con el reto para la acción y talento humano de contribuir a su desaparición.

 

La naturaleza del Estado está ligada a la vigencia de los distintos modos de producción y formaciones económicas sociales que se han edificado en la evolución de la sociedad. En ese camino la organización capitalista, con más de cinco siglos de vigencia, ha albergado diferentes tipos de Estado, que involucra desde Estados Monárquicos, Centralistas, Liberales y Democráticos. En todos ello se asienta una estructura administrativa y de gestión, que materializa los objetivos y fines  que el Estado tiene para  la población.

 

Asumida una forma de organización del Estado se constituye una Administración Estatal o conjunto de instituciones que se encargaran de materializar el fin del Estado encarnado en el concepto del Bien Común. Los gobiernos que periódicamente elige la sociedad en un Estado Democrático, influyen en las estructuras y funcionamiento de esta Administración. Cada Gobierno llega al poder con un enfoque de Desarrollo y dentro del marco de la Constitución negocia con los poderes instituidos para materializar su enfoque. En este proceso de toma de decisiones para gobernar, se conjuga el tipo de Estado, la organización de la Administración y el Gobierno de turno, cuya dinámica en conjunto marca la ruta de desarrollo del Estado Nacional.

 

La carta magna o Constitución es el gran marco político dentro del cual se desenvuelve la conducta de los entes políticos resolviendo sus diferencias dentro del principio de la independencia de poderes, que obliga que las decisiones sean consensuadas, y respecto irrestricto de un Estado de Derecho, la ley es igual para todos.

 

Tomando en cuenta las referencias mencionadas anteriormente, busquemos una explicación o respuesta a nuestra interrogante inicial: En nuestros tiempos ¿que está generando la necesidad de cambios tan profundos en la naturaleza del Estado y su gestión?, es decir a una Reforma y Modernización del Estado

 

Como dijimos, vivimos en una formación económica y social capitalista, donde rige características muy específicas y distintas a otras formas de producción. Siendo la propiedad privada de los medios de producción una característica distintiva; las relaciones de explotación de personas y grupos sobre otros es otra conducta fundamental;  y en base de generar máximas ganancias en un ambiente de mercado, consolidar relación de acumulación para extender el poder económico y social del sistema.

 

Este mundo económico liderado por actores que impulsan la multi nacionalidad y  tras nacionalidad de la actividad productiva, comercial y financiera, apoyados con el avance tecnológico de la información y comunicación, buscan extender y profundizar la economía de mercado en todas las latitudes del mundo. Según la teoría, de por medio esta detener los rendimientos decrecientes del sistema y adoptar estrategias de rendimientos crecientes en un proceso de desarrollo tecnológico e innovación. En estos términos, el fenómeno de la Globalización es una realidad indiscutible, y en su trayectoria va dejando huellas de progreso y también afectaciones económicas y sociales. Todo indica que los grandes beneficiaros de la globalización son los países desarrollados e industrializados, que cuentan con infraestructuras y capacidades humanas para afrontar la competitividad, competencia e incremento de la  productividad.

 

En esta dinámica son los países subdesarrollados y emergentes los que adolecen de condiciones materiales y subjetivas para aprovechar los beneficios de la globalización. Esta realidad transparentada por el avance de la comunicación, ha despertado a los pueblos que presionan a sus líderes y actores a actuar, so pena de quedar rezagados en la participación de las transformaciones mundiales positivas que implica la Globalización.

 

Las tensiones sociales y políticas inducen a promover reformas urbanas y rurales, descentralizaciones regionales y locales, nuevas conductas de responsabilidad social de los actores económicos  y búsqueda incansable de nuevos paradigmas de desarrollo que no implique solo el crecimiento económico de los territorios, sino que también aborden con responsabilidad otras dimensiones de este, como la crisis ambiental, la institucionalidad administrativa y política, el desarrollo social (salud, educación), ámbitos donde los pises emergentes muestran vulnerabilidades que agudizan su pobreza.

 

Existe también el convencimiento de que el mercado libre no es suficiente para promover la dinámica económica inclusiva para reducir las brechas de pobreza que adolecen los países y regiones emergentes como la Latinoamericana, y aceptando reminiscencias del pasado, es oportuna promover la participación del Estado, como un actor estratégico para orientar e incidir en el cambio. Lamentablemente el diagnóstico nos advierte de las graves falencias del Estado, con reducida capacidad de recursos humanos calificados, organización administrativa y gestión deficiente, y con objetivos burocráticos de espalda al servicio de su verdadero gestor, el ciudadano. El manto de corrupción que envuelve al mundo burocrático estatal, requiere de un cambio significativo es sus estructuras y funcionamiento.

 

Aquí nace la perentoriedad de la Reforma de la Gestión del Estado.  El cambio es sí o sí. La búsqueda urgente de su modernización, y para lo cual se viene ensayando distintas estrategias de gestión y nuevos enfoques de desarrollo económico y sociales que legitimen y potencien la intervención estatal.

 

En este sentido, Gestión del Estado por Resultados es uno de los enfoques más socorridos en nuestro medio. Este define con claridad que es el ciudadano el fin central de servicio del Estado y ese servicio debe ser evaluado observando los impactos y resultados en los individuos y grupos sociales. La clave de la aplicación de este enfoque no es sola el cambio en la modalidad técnica para medir los resultados, sino en el cambio cultural del actor público para reformar sus conductas laborales y perseguir el bien común, esencia de la racionalidad estatal.

 

Más aun, también se debate alternativas en la búsqueda más factible del lograr el Bien Común.  El enfoque del Estado Relacional es una de ellas (3). Aquí, cambia radicalmente la gestión pública y participación del Estado en la sociedad. Se trata de identificar las brechas sociales significativas de la realidad territorial, y convocar a una actuación conjunta de los actores de la sociedad para el logro de su solución. En este tema varios países de Europa vienen identificando y estableciendo buenas prácticas en el marco de este enfoque relacional de la participación de actores.

 

Significa sopesar las potencialidades ejecutivas de los principales actores de la sociedad: actores de la sociedad económica empresarial, respetando su racionalidad de ganancia; los actores de la sociedad civil considerando su racionalidad de la solidaridad y el actor estatal y público con su racionalidad de búsqueda del bien común. En este esquema el Estado ya no es el exclusivo en invertir recursos para solucionar los problemas álgidos de la comunidad. La convocatoria a los demás actores para participar con sus propios recursos y capacidades, alivia el gasto público, reduce el desequilibrio fiscal y encausa razonablemente la deuda externa.

 

Esto último es necesario subrayarlo, porque esos déficits han sido la causa de la debacle de la gestión estatal en el marco del Estado de Bienestar, editado en la década del 50 del siglo pasado, con motivo de la aplicación del pensamiento Keynesiano que justificó la participación del Estado en la solución de la crisis del sistema capitalista de ese entonces.

 

En referencia a nuevos paradigmas para enfocar el desarrollo como bienestar y calidad de vida, es útil recordar que el crecimiento económico como teoría y práctica para lograr el desarrollo ha mostrado falencias inaceptables. La concentración de poder económico y social es su resultado más objetivo y con ello una asimetría absoluta entre riqueza y pobreza, que divide a la humanidad. En el debate por encontrar alternativas viables se han propuestos teorías y enfoque como el Desarrollo Humano, el Desarrollo Sustentable, el Desarrollo Sostenible, (2) etc. Su contribución a dar soluciones al caso no ha sido significativa. En su lugar hoy se debate un enfoque que tiene como centro de análisis al Territorio. El Territorio no es solo un espacio geográfico, sino que es un espacio físico social que alberga una cultura que conceptualiza al ser humano como una entidad que integra en su ser a la sociedad y la naturaleza,  generando una identidad de partencia al lugar donde desenvuelve su vida cotidiana. A partir de esta conceptualización que valora fuerzas materiales y subjetivas endógenas, se elaboran estrategias de desarrollo integral donde el individuo o grupos social es la fuerza central que genera una construcción social para el desarrollo sostenible y territorial.

 

De esta forma y haciendo honor a la interrogante que plantea el título del artículo, es aceptable concluir que la reforma y modernización del Estado en los países emergentes es una necesidad perentoria y no obedece a voluntarismos o inspiraciones sesudas de político, académicos o civiles. Son las transformaciones reales de la sociedad mundial, reflejadas en mega tendencias verificables, las que determinan el cambio y justifican las reformas. La globalización, la crisis ambiental, el cambio tecnológico y la inseguridad por movimientos bélicos y conductas desordenadas delictivas, son mega tendencias que generan incertidumbre en el bienestar de los pueblos. La reforma del Estado es una respuesta para afrontar la crisis del sistema capitalista financiero y especulativo, y contribuir a una conducción de avances productivos en el marco de la innovación tecnológica.

 

Notas:

(1) Luis Alberto Navarrete Obando. “Derecho y Sociedad”. Universidad Nacional de Cajamarca. Facultad de Sociología. 2002

(2) Oswaldo  Sunkel, Desarrollo y Subdesarrollo, Editorial Siglo  XXi

(3) Alfredo Vernis y Xavier Mendoza, Revista del CLAD, Reforma y Democracia, num. 44j Junio 2009, pp. 115-144.Caracas. Venezuela