Un factor importante para la correcta formulación de un Proyecto Social: La Planificación

Un Proyecto Social cuenta con fases de suma importancia para su realización y a través de las cuales se va forjando un plan de acción para poder llegar al objetivo deseado.

Estas fases las podemos resumir en: i) Planificación, ii) Formulación, iii) Ejecución y; iv) Evaluación. La correcta coordinación y armonía de estas fases permitirán alcanzar el éxito deseado. En el presente artículo abordaremos la primera fase: la planificación. Es preciso aclarar que la planificación de un proyecto social no consiste en rellenar papeles o formularios. Es importante internalizar que un proyecto social debe de ser objetivo, planificador, proyectista y organizativo.

 

La forma en la que planifiquemos un proyecto va de la mano con la forma de su ejecución y evaluación. Como bien sabemos debe de ser único, de duración determinada, formalmente organizado y que disponga de recursos para su formulación.

 

Su formulación debe realizarse desde antes del inicio de las actividades que puedan desarrollarse posteriormente. Según el American Management Association “La planificación consiste en determinar qué se debe hacer, cómo debe hacerse, quién es el responsable de que se haga y por qué”.

 

Una clara y precisa definición del proyecto a realizarse es imprescindible para una correcta planificación. Si hay alguna imprecisión en la planificación del proyecto, esto se reflejará en la formulación, obstaculizando la realización de las otras fases de proyecto y del proyecto en sí.

 

Cada actividad proyectada dentro de cada fase del proyecto social debe de ser determinada si depende del inicio o la finalización de alguna actividad. Una planificación correcta depende de una adecuada identificación de las actividades a desarrollar.

 

Los conflictos de programación suelen ser muy comunes en la planificación de un proyecto social ya que no siempre se pueden prevenir cada uno de los escenarios que puede haber al momento de realizar las actividades.

 

La implicancia de un proyecto social recae en un problema social que se desea resolver, en tomar conciencia de que existen múltiples problemas en diversos sectores del mundo.  Sabemos que no podemos abarcar los millones de problemas sociales que existen alrededor del mundo, pero empezando por el que afecta a nuestra comunidad es un aporte que iniciará la solución a por lo menos a un pequeño porcentaje de seres humanos.

 

También, existen factores externos que condicen a que un proyecto social sea o no exitoso. Analizar estos factores y darles solución es importante, ya que estos pueden hacer que todos los planes proyectados no alcancen su objetivo, incluso si se implementa como se había planificado.

 

Un factor importante para un proyecto social realizado por cualquier organización, es el de su ejecución. El cual debe de ser realizado en forma exhaustiva, con la garantía de que no se deja al azar ni un solo elemento de importancia para el desarrollo del proyecto.

 

Si bien es cierto, un proyecto puede surgir aisladamente, como resultado de la exploración de una simple idea sobre la oportunidad de intervenir en una actuación determinada; lo más habitual es que se presente como instrumento de algo más amplio y complejo. En ese caso hay que considerarlo como el eslabón final de una cadena de decisiones, donde los planes y los programas son sus antecedentes. Ambos preceden a los proyectos en el orden jerárquico, aunque no necesariamente en el orden cronológico. Un proyecto situado en esta cadena de acciones siempre va a depender de un programa y un plan, pero la formulación puede no ser posterior a estos.

 

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